PROYECTO LIBERADOR DE JESÚS MO.VI. CO. MOVIMIENTO DE VIDA COMUNITARIA

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TODA PERSONA QUE ESTA EN CRISTO ES UNA PERSONA NUEVA. LO ANTIGUO HA PASADO, LO NUEVO HA LLEGADO. (2 COR 5,17)

jueves, 30 de septiembre de 2010

Reflexiones poemas cristianos poesías MENSAJE DE JESÚS

COMUNIDAD DE JESUS, HOY.: Las C.C.P.

COMUNIDAD DE JESUS, HOY.: Las C.C.P.

Las C.C.P.



Las Comunidades Cristianas Populares estamos integradas por creyentes en Jesús de Nazaret que asumimos su causa -el Reino del Padre- tratando de convivir, compartir fraternalmente, comprometernos socialmente y celebrar nuestra fe en comunidad, como parte del pueblo y con una decidida opción por los pobres.
Nuestra vida cristiana se fundamenta en Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, muerto y resucitado, y en la iglesia, comunidad de creyentes, que transmitió y transmite la Buena Noticia de salvación liberadora, con la ayuda del Espíritu.
Consideramos fundamental la opción por los pobres, denunciando el sistema capitalista como causa estructural generadora de pobreza y asumiendo solidariamente la causa de los sectores marginados de la sociedad.
Entendemos por pobres y marginados: todos los pueblos y personas que sufren discriminación, exclusión u opresión por motivos económicos, ideológicos y sociales, o por sexo, raza cultura e indefensión personal.

Si te identificas con ésto es por que todos estamos LLAMADOS A CREAR UNA COMUNIDAD DE IGUALES, SIN DISCRIMINACIÓN, SIN DESIGUALDAD SOCIAL, SIN CONFLICTOS Y SIN PELEAS.
Ésto lo podemos vivir AQUÍ Y AHORA! VIVIENDO desde el PROYECTO DE DIOS QUE TRAJO JESÚS.

Vamos en camino de llegar a FORMAR PARTE DE ESA NUEVA SOCIEDAD, TODOS AQUELLOS QUE TRABAJAMOS EN LA CONSTRUCCIÓN DEL REINO DE DIOS, AQUÍ EN LA TIERRA!

QUE DIOS NOS BENDIGA EN EL AMOR DE JESÚS!

sábado, 31 de julio de 2010

La espiritualidad en la construcción de la paz Leonardo Boff, teólogo




Todos los factores y prácticas en los distintos sectores de la vida personal y social deben contribuir a la construcción de la paz tan ansiada en los días actuales. Los esfuerzos serían incompletos si no incluyésemos la perspectiva de la espiritualidad.

La espiritualidad es aquella dimensión en nosotros que responde a las preguntas últimas que acompañan siempre a nuestras búsquedas. ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Cuál es el sentido del universo? ¿Qué podemos esperar más allá de esta vida?
Las religiones suelen responder a estas inquietudes, pero ellas no tienen el monopolio de la espiritualidad. Ésta es un dato antropológico de base como la voluntad, el poder y la libido. Emerge cuando nos sentimos parte de un Todo mayor. Es más que la razón; es un sentimiento oceánico de que una Energía amorosa origina y sustenta el universo y a cada uno de nosotros.
En el proceso evolutivo del que venimos, irrumpió un día la conciencia humana. Hay un momento de esta conciencia en que ella se da cuenta de que las cosas no está lanzadas aleatoriamente ni yuxtapuestas, al azar, una al lado de la otra. Ella intuye que un «Hilo Conductor» pasa a través de ellas, las liga y las religa.
Las estrellas que nos fascinan en las noches cálidas del verano tropical, la selva amazónica en su majestad e inmensidad, los grandes ríos como el Amazonas, llamado con razón río-mar, la profusión de vida en los campos, el vocerío sinfónico de los pájaros en la selva virgen, la multiplicidad de las culturas y de los rostros humanos, el misterio de los ojos de un recién nacido, el milagro del amor entre dos personas que se quieren, todo eso nos revela cuán diverso y uno es nuestro mundo universo.
A este «Hilo Conductor» los seres humanos le han dado mil nombres, Tao, Shiva, Alá, Yahvé, Olorum y muchos más. Todo se resume en la palabra Dios. Cuando se pronuncia con reverencia este nombre algo se mueve dentro del cerebro y del corazón. Neurólogos y neurolingüistas han identificado el «punto Dios» en el cerebro.
Es un punto que hace subir la frecuencia hertziana de las neuronas como si hubiesen recibido un impulso. Esto significa que en el proceso evolutivo surgió un órgano interior mediante el cual el ser humano capta la presencia de Dios dentro del universo. Evidentemente Dios no está solamente en este punto del cerebro, sino en toda la vida y en el universo entero. Sin embargo a partir de este punto quedamos habilitados para captarlo.
Y todavía más, somos capaces de dialogar con Él, de elevarle nuestras súplicas, de rendirle homenaje y de agradecerle el don de la existencia. Otras veces no decimos nada. Silenciosos y contemplativos, lo sentimos solamente.
Y entonces nuestro corazón se dilata a las dimensiones del universo y nos sentimos grandes como Dios o percibimos que Dios se hace pequeño como nosotros. Se trata de una experiencia de no-dualidad, de inmersión en el misterio sin nombre, de una fusión de la amada y el Amado.
Espiritualidad no es solamente saber, sino principalmente poder sentir las dimensiones de lo humano radical. El efecto es una profunda y suave paz, que viene de lo Profundo.
La humanidad necesita con urgencia esta paz espiritual. Ella es la fuente secreta que alimenta a la humanidad en todas sus formas. Irrumpe desde dentro, irradia en todas las direcciones, eleva la calidad de las relaciones y toca el corazón de las personas de buena voluntad. Esa paz esta hecha de reverencia, de respeto, de tolerancia, de comprensión benevolente de las limitaciones de los otros, y de la acogida del Misterio del mundo. Ella alimenta el amor, el cuidado, la voluntad de acoger y de ser acogido, de comprender y de ser comprendido, de perdonar y de ser perdonado.
En un mundo perturbado como el nuestro, nada hay de más sensato y noble que anclar nuestra búsqueda de la paz en esta dimensión espiritual.
Entonces la paz podrá florecer en la Madre Tierra, en la inmensa comunidad de la vida, en las relaciones entre las culturas y los pueblos, y aquietará el corazón humano cansado de tanto buscar

viernes, 23 de julio de 2010

El largo exilio de la Tierra Leonardo Boff


RÍO DE JANEIRO, ago (Tierramérica).-
En los últimos siglos, la humanidad se ha exiliado de la Tierra. Tenemos que volver a nuestro hogar y cuidarlo porque se encuentra amenazado, afirma en esta columna exclusiva el teólogo brasileño Leonardo Boff.
Dos visiones sobre la Tierra se contraponen en nuestro tiempo. Para unos es una materia extensa y sin espíritu, entregada al ser humano para que pueda explotarla y expresar su libertad creativa a su antojo. Para otros es nuestro hogar, un superorganismo vivo que se @€€autorregula, con una comunidad vital única.
Optar por una u otra visión tiene consecuencias totalmente diferentes, la cooperación y el respeto, o la agresión y la dominación.
La humanidad siempre consideró a la Tierra como la gran madre que inspiraba temor, veneración y respeto.
Pero desde la irrupción de la ciencia moderna, con René Descartes, Galileo Galilei y Francis Bacon a partir del siglo XVI, se comenzó a considerarla como objeto, “res extensa”, que puede someterse a intervención humana, incluso violenta, para extraer los beneficios de sus recursos y servicios.
Era el proyecto del “dominium mundi”. Creó maravillas como las máquinas y los antibióticos, nos ha llevado a la Luna y al espacio exterior.
Sería oscurantista no reconocer los méritos de ese designio. Pero hay que reconocer también que la razón instrumental y analítica –sin complementarse con la razón emocional, sensible y cordial, fundamental para el mundo de los valores– construyó una maquina de muerte, capaz de destruir mediante 25 formas diferentes a la especie humana con armas nucleares, químicas y biológicas.
Nuestra generación es la primera en la historia de la antropogénesis que se ha transformado en una fuerza geofísica destructiva.
Hay una convicción que se está generalizando: así como está, la humanidad no puede continuar. El modo actual de producción y de consumo hace de todo una mercancía, incluso las realidades más sagradas como la vida, los órganos y los genes.
Cada año 3.500 especies desaparecen de la faz de la Tierra a consecuencia de las agresiones sistemáticas a la naturaleza.
La rueda del calentamiento global ha comenzado a girar y no se la puede frenar, apenas disminuir su velocidad y minimizar sus efectos catastróficos. Esto puede devastar muchos ecosistemas, arrastrando consigo a millones de personas obligadas a desplazarse o a morir.
Por lo tanto, tenemos que cambiar para sobrevivir. El futuro será una promesa de vida si inauguramos “un nuevo modo sostenible de vivir”, como lo ha formulado la Carta de la Tierra.
Es urgente cambiar nuestro sistema de explotación del planeta y de sus recursos y nuestras formas de relaciones sociales, con más inclusión, más equidad y sintonía con el universo.
Es imprescindible asumir una ética del cuidado, del respeto, de la responsabilidad, de la solidaridad, de la cooperación y, no en último lugar, de compasión hacia los que sufren en la humanidad y en la naturaleza.
Hoy sabemos que la Tierra no solamente posee vida en su atmósfera, formando así la biosfera, sino que ella misma es viviente y productora de todas las expresiones vitales. Los modernos la llaman Gaia, el nombre mitológico griego para designar a la Tierra viviente.
En este contexto crítico hay que volver a la concepción de la Tierra como madre. Tenemos que unir dos polos: el más ancestral, de la Tierra como madre de nuestros pueblos originarios, con el más contemporáneo, de la nueva astrofísica y biología que ve al planeta como Gaia.
Lo que San Francisco de Asís contemplaba en su mística cósmica hace más de 800 años, cuando cantaba al sol como Señor y Hermano y a la tierra como Madre y Hermana y llamaba a todos los seres hermanos y hermanas, hoy lo sabemos por una verificación empírica de la biología genética y molecular.
Todos los seres vivos, desde la bacteria que emergió hace 3.800 millones de años, pasando por las grandes florestas, desde los dinosaurios a los caballos, desde los colibríes hasta nosotros, tenemos el mismo alfabeto genético.
Todos estamos constituidos por los mismos 20 aminoácidos y las mismas cuatro bases fosfatadas (adenina, timina, citosina y guanina). Solamente la combinación de las letras químicas de este alfabeto con sus respectivas bases produce las diferencias de la gran diversidad biótica.
Por lo tanto, todos somos hermanos y hermanas, miembros de la gran comunidad de vida. Así, no hay medio ambiente, sino el ambiente entero. Nosotros, los seres humanos, no estamos fuera o por encima de la naturaleza. Estamos dentro de ella, como parte de su realidad. Somos la porción consciente e inteligente de la Tierra.
En los últimos siglos nos hemos exiliado de la Tierra. Tenemos que volver a nuestro hogar y cuidarlo porque se encuentra amenazado en su equilibrio y en su futuro. (END/2009)
(Información recibida de la Red MUndial de Comunidades Eclesiales de Base)

viernes, 9 de julio de 2010

JESÚS Y LAS MUJERES


La Espiritualidad de Jesús, fuerza liberadora para las Mujeres.‏

Mariángeles Cosculluela Pérez

">Mariángeles Cosculluela Pérez

No penséis que voy a escribir para abolir El Evangelio. No voy a escribir para abolir sino para darle cumplimiento.
La institución eclesial es el invierno del Evangelio y un narcótico de La Buena Noticia.

Un estamento jerárquico masculino que nos recuerda más a la Roma imperial que al Movimiento del Nazareno, convirtiendo el Nuevo Testamento en una rutina de obediencia y ritual para justificarse más a ellos mismos que para ser testimonios y servidores del mensaje de VIDA a la humanidad.

Vayamos a las fuentes. Los textos que nos proporcionan datos acerca de Jesús no son relatos con intención histórica sino con el proceso de Fe realizado en su persona. Experiencias de Fe elaboradas solo por varones que, sin embargo, todos coinciden en plasmar el comportamiento novedoso del Galileo con referencia a las mujeres, contraviniendo las estructuras culturales patriarcales de la época.

Hoy nadie pone en duda que la comunidad de Jesús era una fratría de hombres y mujeres de toda condición y estrato social ¿Qué significado podemos darle a el Vaticano y a su curia varonil profesionalizada desde Los Evangelios?…

Jesús de Nazaret nació, vivió y murió como judío en manos del Imperio Romano. Un predicador itinerante Galileo. Un laico observante de su Tradición religiosa que creó una comunidad de base con características proféticas:

- Denunció las injusticias ejercidas a su Pueblo por los poderosos de dentro y de fuera de Israel, la ortodoxia ortopédica del Templo y de sus dirigentes y la exclusión de las personas humildes, pecadoras y enfermas.

- Anunció el sentido primitivo de La Ley: El amor a Dios y a las personas por encima de todo.
La época de Jesús era desoladora y convulsa para los judíos. Sometidos a Roma y explotados por sus hermanos amigos del Imperio, especialmente, sacerdotes.

Pobreza y miseria recorrían el país. Estaban divididos en un sin fin de grupos y la esperanza de que Dios intervendría en la Historia estaba latente en su horizonte.

Jesús sabía, escuchaba y acogía a todos, más era original en sus formas. No juzgaba pero tampoco se sometía:
No se quedó en el río Jordán bautizando a las gentes ( Grupo de Juan Bautista) sino que se implicó en la vida de todos y todas.

No ayunaba ni sacrificaba su cuerpo retirado en el desierto (Esenios)
sino que celebraba la vida con todas las personas.
No se pierde en casuísticas teológicas legalizantes y de mérito (Fariseos) sino que busca la Justicia a través del Amor a Dios y a la humanidad.

No gobernaba y sometía a su Pueblo para enriquecerse (Saduceos) sino que liberaba a los oprimidos/as.
No utilizaba la violencia y la venganza independentista (Zelotes) sino que amaba y perdonaba a sus enemigos.

No aceptaba las costumbres patriarcales de su Cultura sino que “Resucitaba” (Ponía de pie) a todos los marginados/as que le salían al encuentro.

La creencia judía en Dios constituyó el centro del Mensaje de Jesús: Dios es para él una energía de amor desbordante y abundante que transforma la vida y esta bondad de Dios a través de sus criaturas es suficiente argumento para caminar, sin necesidad de ritos, liturgias y Templo.

Es la instauración del Reino de Dios donde “Los últimos serán los primeros”, es decir, los que sufrían marginación por sexo, por su profesión, por sus pecados, por sus enfermedades, por su pobreza, por su raza, por su ignorancia…iban a disfrutar de todos los Derechos de los que habían sido desposeídos y desposeídas injustamente. Jesús pone Vida donde otros ponen Muerte.

Jamás encontramos en los textos del NT (escrito por varones) palabras degradantes contra las mujeres. Criticó el dinero, el poder, a los sacerdotes, escribas, fariseos…pero jamás a la mujer, muy al contrario, muchas veces utilizó las cualidades femeninas en sus parábolas y en su predicación poniéndolas de modelo y las defendía de la tiranía de los jueces, sacerdotes y maridos.

Tampoco encontramos en boca de Jesús una condena al cuerpo femenino ni una exaltación a su maternidad como papel principal, ni como esposa, ni una defensa por sus labores domésticas. Las mujeres son tratadas por Jesús como discípulos (No hay femenino de esta palabra en griego) y como personas de pleno Derecho.

Leyendo los textos y en clave simbólica y metafórica, los encuentros de Jesús con las mujeres siguen una constante:
Las mujeres aparecen postradas, yacientes, sufriendo y temerosas. Jesús LAS LEVANTA, las visibiliza, les da voz, las libera de toda opresión y pierden el miedo. Las mujeres LE SIGUEN (Desde el principio hasta el final) y se ponen a SERVIR. Ciudadanas de pleno Derecho del Reino de Dios.

Todas son llamadas: Las ancianas, representadas por la suegra de Pedro. Las adultas como M. Magdalena, la Siro fenicia, Marta,…Las maduras como la Hemorroísa, la Jorobada…las niñas como la hija de Jairo. Todas, absolutamente todas las mujeres fueron “Resucitadas” por Jesús.

Las mujeres que Siguen a Jesús, salen a la calle, a las plazas, a los caminos, no están encerradas “puertas adentro”, son “mujeres públicas” (hoy, todavía, tiene connotaciones degradantes para las mujeres) que se implican y viven con todo su ser La Buena Noticia del Reino de Dios.

Discípulas, Apóstoles, Seguidoras al igual que los varones. Por ello, quienes colocan a las mujeres en un segundo plano en la Iglesia y en la sociedad: No SIGUEN a Jesús.
Jesús atrae, la Iglesia no, luego, la Iglesia atraerá cuando se parezca más a Jesús, porque Jesús es lo mejor que tiene la Iglesia.

“– Mujer ¿Por qué lloras?…

- Porque se han llevado a mi Señor y no sé donde lo han puesto

viernes, 18 de junio de 2010

JESÚS, PROFETA LAICO


Jesús, profeta laico
José María García Mauriño
INTRODUCCIÓN

Los cristianos no somos seguidores de un líder religioso, sino que seguimos a un Profeta laico. Jesús fue un laico. Ni fue sacerdote, ni funcionario de la religión, ni nada parecido. Es más, Jesús vivió y habló de tal manera que pronto entró en conflicto con los dirigentes de la religión de su tiempo, los sacerdotes y los funcionarios del Templo, que eran los representantes oficiales de “lo religioso” y “lo sagrado”.
1.- JESUS ERA UN HOMBRE CREYENTE:
Jesús era judío, practicó su religión judía, vivió y murió como judío invocando a Dios con el salmo 22. Era un creyente que creía en Dios, en el Dios de Israel. Para Jesús, Dios no es una teoría ni una doctrina es una experiencia viva que lo transforma y le hace vivir buscando una vida más digna y dichosa para todos.
La diferencia con los hombres de la religión de su tiempo está en que los dirigentes religiosos de aquella sociedad asocian a Dios con su sistema religioso y no con la vida y la felicidad de la gente La postura de Jesús era todo lo contrario, el centro de su religiosidad no era Dios sino la vida y la felicidad de la gente. Jesús era profundamente religioso, pero su religiosidad no se acomodó al modelo de religiosidad establecida y aceptada en aquella sociedad.
No observó muchas de las normas de la religión oficial: el descanso del sábado, los ayunos, las purificaciones rituales, se hizo amigos de publicanos y pecadores, samaritanos y mujeres de mala fama. La fe de Jesús no se basaba en la Ley, sino en la experiencia de Dios. Descubre el plan de Dios, el Proyecto divino: es decir, que todos los seres humanos somos iguales, todos somos hermanos e hijos de Dios, y podemos ser felices. Jesús cree de verdad en ese Dios-Padre lleno de amor para todos los humanos Rompió con las normas y prácticas religiosas, porque para él lo importante no son los ritos sagrados que le relacionan con Dios, sino la relación humana solidaria entre los hombres y mujeres en la vida.
Lo importante en cualquier religión, no es Dios, sino la gente, las personas. Dios no necesita nuestra adoración, ni nuestra alabanza ni nuestro servicio, ni nuestros ritos. En cambio, las personas que nos rodean sí necesitan nuestra ayuda, nuestra cercanía, nuestra comprensión. Fue un creyente laico que vivió su fe en al horizonte de su libertad. Jesús fue condenado a muerte por motivos políticos, no por motivos religiosos (por nuestros pecados!). Y murió no entre dos ladrones, sino entre dos rebeldes políticos (lestai, palabra griega).
2.- JESUS PROFETA
Insisto en que Jesús no es un líder religioso, al estilo de Martín Lutero King, o Gandhi, o Dalai Lama. (Aunque sean también profetas de nuestro tiempo).
El líder es una persona que es seguida por otros que se someten a su autoridad. Suelen tener un indiscutible peso moral o político o espiritual entre la gente. Jesús hablaba como quien tiene autoridad y no como los escribas y fariseos. En su tiempo, las masas le seguían. Hoy, Jesús, para nosotros no es un líder en el sentido que he descrito. Eso está claro.
Jesús cita frecuentemente a los profetas de Israel y explica su misión como cumplimiento de la profecía de Isaías: “El Espíritu del Señor descansa sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres, a proclamar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año favorable del Señor”.
Un profeta no es el que adivina el porvenir, el profeta no es un adivino. “Es un hombre llamado por Dios para trasmitir su palabra, para orientar a sus contemporáneo el camino a seguir.” Jesús es el último de los profetas de Israel. Es el que anuncia el Reino de Dios, aunque no lo define, es el que anuncia la liberación de los pobres.
Para ser profeta no hace falta pertenecer a estamentos de la religión o del culto. Puede ser lo mismo hombre que mujer, ni hace falta mucha cultura, ni ser de una clase social ni intelectual. Es todo aquel que está despierto, con los ojos bien abiertos a la realidad. La principal característica del profeta es su inserción en el pueblo y su preocupación por la suerte de los más pobres y excluidos.
Tres características esenciales de Jesús como profeta:
1) Jesús es un profeta itinerante: no es un hombre que se queda en su casa de Nazaret, tampoco se instala en Cafarnaún, sino que recorre las aldeas de Galilea donde está el pueblo más pobre y desheredado Al llegar a una aldea Jesús busca el encuentro con los vecinos. Se acerca a las casas deseando paz a las madres y a los niños. Recorrió casi todos los pueblos situados en torno al lago. El profeta es un hombre público: su lugar es la calle, la plaza pública, los senderos, el monte. Se halla en contacto directo con su mundo, con los vecinos, con los campesinos pobres. Va a la sinagoga donde los vecinos se reúnen los sábados. Conoce el desencanto de la gente, la opresión de los políticos, el lujo de los poderosos.
2) Es un profeta subversivo. Lo que la gente percibe es que Jesús pone en cuestión la soberanía absoluta y exclusiva del emperador romano. Pare entrar en el Reino hay que salirse del imperio de Roma. No es posible servir a dos señores. No es posible aceptar el Reino acogiendo a Dios Padre, defensor de los pobres y seguir al mismo tiempo acumulando riquezas a costa de ellos. Por eso, entrar en el Reino, aceptar los valores del Reino, es salirse de ese imperio donde tratan de imponerse los jefes de las naciones y los poderosos del dinero.
En el Evangelio de Lucas, cuando narra el interrogatorio ante Pilatos, las masas le gritan tratando de acusarle: “Este subvierte (solivianta) al pueblo enseñando por todo el país empezando en Galilea” (Lc.23,5). Jesús está por el cambio, no puede dejar las cosas como están, porque el mundo que él vivía era injusto: unos vivían muy bien a costa de otros que lo estaban pasando mal. Lo cómodo es seguir como siempre sin cambiar nada. Jesús no puede quedarse impasible, mirando para otro lado, al ver las masas arrastrándose por la pobreza y la miseria. “Se me conmueven las entraña al ver a esta gente” (Mc. 8,2).Soliviantar significa mover el ánimo de la gente para inducirle a adoptar una actitud rebelde u hostil en orden a cambiar el orden público y moral, dice el Diccionario de Lengua. La manera de soliviantar no es violenta, es “enseñando”. La enseñanza es una forma de subvertir el orden establecido: poner las cosas patas arriba.
3) Es un hombre amenazado: despojado de todo poder no pertenece a ningún partido o secta. Es amenazado porque no invita a la gente a la resignación, sino a la lucha esperanzada. La actual situación tiene que cambiar. Lo que anuncia es el Reino que tal y como él lo presentaba tenía que ser algo muy sencillo al alcance de aquellas gentes. Lo primero de todo y lo más importante es la Vida y la felicidad de la gente, luego vendrá la religión. No quiere que se hagan falsas ilusiones, sino que recuperen su dignidad. Jesús comunica su propia experiencia de Dios, no la que se venía repitiendo en todas partes de modo convencional.
Eso no satisface a nadie. El anuncio del Reino es una denuncia de la injusticia y la opresión. Hoy el anuncio del Reino es anunciar una sociedad alternativa, proclamar que “otro mundo es posible”, otro mundo donde no reinen los imperios, ni los césares, ni los falsos dioses como el Dinero y el Mercado. Jesús anuncia la liberación de los pobres, una vida humana digna para todos. Los poderes políticos y religiosos no podían soportar semejante lenguaje y le perseguían y amenazaban de muerte constantemente.
Jesús era un hombre indefenso. Ningún estamento sacerdotal o comité del Templo le defendió, ante las acusaciones falsas de la plebe y de los poderosos. Fue sentenciado y ejecutado por un tribunal político-religioso sin que nadie le defendiera
La gran revolución religiosa llevada a cabo por Jesús consiste en haber abierto a los seres humanos otro camino de relación con Dios, distinta de lo sagrado. Es decir, el camino sencillo de la relación con el prójimo que no pasa por la Ley. Y la relación ética, no religiosa, vivida como servicio al prójimo y llevada hasta el sacrificio de uno mismo. Jesús abrió otra vía de acceso a Dios a través de su propia persona, aceptando pagar con su vida al combatir esa creencia de que el culto religioso de los sacerdotes tenía el monopolio de la salvación.
La salvación venía de otra parte. Jesús denunció los abusos del poder religioso y del poder político. “Jesús dejó sentado que el camino hacia Dios no pasa por el Poder, ni por el Templo, ni por el Sacerdocio, ni por la Ley. Pasa por los excluidos de la historia.” (González Faus.). Los seguidores de Jesús tenemos el camino abierto de la relación con Dios, por el compromiso con los pobres, y los excluidos de este mundo.
3.- JESUS, PROFETA LAICO
Jesús no pertenecía a familia sacerdotal alguna, ni al stablishment religioso. No fue funcionario del Templo ni tenía el reconocimiento de intérprete de la Ley. No legitimó la alianza de las autoridades religiosas del judaísmo con las autoridades políticas del Imperio romano invasor.
- Adoptó una actitud crítica frente a los pilares en que descansaba la religión, siguiendo la tradición de los profetas de Israel y adelantándose en muchos siglos a la crítica moderna de la religión.
Cuestionó en su raíz la configuración sagrada de la realidad: los lugares sagrados (el Templo, lugar del culto, de la presencia de Dios y de recaudación de impuesto: espacio de alianza con el poder Imperial; absolutizado por sus correligionarios fundamentalistas).
Criticó los tiempos sagrados (el sábado, fiesta judía por excelencia: “el sábado está hecho para el ser humano, y no el ser humano para el sábado”); cuestionó las acciones sagradas (el culto, que no va acompañado de la práctica de la justicia) y propone como alternativa la misericordia, la compasión como virtud radical, la solidaridad con las personas que sufren; cuestionó las personas sagradas (crítica a los sacerdotes por su exceso de celo en el culto y su insensibilidad hacia la injusticia, hacia el sufrimiento ajeno), y pone como ejemplo a seguir a un samaritano, considerado hereje, por su ayuda al prójimo malherido; también cuestiona a las autoridades religiosas: que se presentaban como representantes y portavoces de Dios y no predicaban con el ejemplo; lo mismo hizo con la propia Ley, Torá, cuando cae en legalismo, atreviéndose a corregirla, a incumplirla y justificando su incumplimiento, y colocando al ser humano y sus necesidades por delante de la ley.
La religión se siente más cómoda poniendo a Dios en las ceremonias y en la observancia de los rituales sagrados que en la relación con los seres humanos, en el respeto a todos, en el amor a todos y en el compromiso de solidaridad con los pobres y, en general, con los más débiles.
La actividad de Jesús fue ciertamente profética, pero no tuvo nada de sagrada. El laicismo de Jesús fue escandaloso: su independencia de la normativa religiosas y política vigente, era un desafío constante a las autoridades religiosas. No fundó un templo, ni celebró ceremonias religiosas en ningún lugar sagrado, ni dictó normativa alguna relacionada con lo sagrado. La última cena fue eso, una cena de despedida entre amigos antes de morir. No era una “Misa”, Nada de culto eucarístico. Eso es anacrónico completamente.
Se puede deducir que el Cristianismo es una religión laica. Porque,
- La libertad y la dignidad de los seres humanos constituye el centro del mensaje, de la vida y de la práctica de Jesús, no los ritos y ceremonias religiosas.
- Para Jesús era más importante “lo humano” que “lo religioso” y “lo sagrado”. Lo humano es “lo laico”, lo común a todos los seres humanos. “Laico” viene del término griego “laos”, es decir, el “pueblo”. Y está claro que Jesús antepuso lo laico a lo religioso.
- Llama la atención el carácter tan poco “religioso”, en términos de aquella época, que Jesús atribuye al Reino-Reinado de Dios. No gira en torno al templo, ni se prescriben sacrificios o actos de culto. Tampoco existen funciones sacerdotales ni personas que actúen como intermediarias. Sin duda que Dios está muy en el centro de este mensaje que lleva su nombre. Pero es un Dios desplazado de los lugares sagrados. Ahora se encuentra en plena vorágine de la vida, sobre todo de personas y colectivos marginados: los chiquillos, los enfermos, los recaudadores, las prostitutas, los pobres, lisiados, ciegos y cojos….
Y se identifica con las tareas corrientes que hace la gente en su vida diaria: el sembrador, el pastor, la pesca, la mujer que amasa la harina o que limpia su casa… Esa identificación con el ser humano, con su felicidad, con su sufrimiento y con su marginación, permite al Reinado de Dios superar los límites culturales y religiosos en que vivió el propio Jesús. Por eso, mantiene una universalidad, una modernidad y una “laicidad” actual. Ser laico significa entre otras cosas no achacar a Dios el Mal y los problemas del mundo. Jesús no atribuía a Dios la causa de las enfermedades o la muerte.
Alguna conclusión:
Los cambios que se están produciendo en esta sociedad nos llevan a la aceptación de un pluralismo religioso, a un laicismo propio de un Estado democrático, laico, no confesional. La convivencia pacífica ciudadana es posible en una sociedad que admite la libertad religiosa y la libertad de conciencia. La religión es un componente y una manifestación cultural, y como todo lo cultural es un hecho social y público, y tiene sus expresiones públicas Pero, ninguna religión debe tener privilegios, ni políticos, ni sociales ni económicos. Hay diversidad de creencias y de no creencias.
Caben lo mismo el grupo no confesional de los agnósticos, ateos o indiferentes que cualquier otro grupo que tenga su propio credo. Los creyentes haremos muy bien en desmitificar la figura de Jesús y presentarla como hombre laico un ciudadano de a pie, que no fundó una Iglesia, sino un movimiento de fe al alcance de todos los seres humanos.

miércoles, 9 de junio de 2010

PROYECTO LIBERADOR DE JESUS


Jesus dijo: YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA. El es el CAMINO para llegar a vvir SU PROYECTO, el proyecto que tarjo hace mas de dos mil años. Por eso tambien dijo que EL era el CAMINO para LLEGAR AL PADRE.

Hay que ir POR JESUS. SABER REALMENTE cual fue SU MISION, cual fue REALMENTE el PROYECTO LIBERADOR que vino a traernos.

Para llegar a DIOS hay que CONOCER LA VERDAD, y JESUS ES, ESA VERDAD!. EL nos hablo de la VERDAD, que la VERDAD NOS HARA LIBRES, por lo tanto hoy tenemos que buscar LA VERDAD, LA DE VIVIR EL REINO DE DIOS AQUI EN LA TIERRA! Todo lo demas se dara por añadidura.


JESUS ES LA VIDA. EL la transmitio con su EJEMPLO. Nosotros DEBEMOS BUSCAR la vida que vivio Jesus. El nos enseño una manera NUEVA DE VIVIR Y DEBUSCAR A DIOS EN NOSOTROS, EN NUESTRO INTERIOR.


Debemos hacernos como NIÑOS porque los niños son inocentes y tienen una CONCIENCIA NUEVA Y CLARA, LIBRE DE PREJUICIOS Y CUESTIONAMIENTOS.

Asi podremos CREAR desde NUESTROS PENSAMIENTOS NUEVOS , ESA NUEVA VIDA QUE JESUS NOS MOSTRO!


VAYAMOS POR JESUS! BUSQUEMOS SU VERDAD! VIVAMOS SU VIDA! Y TODO LO DEMAS SE NOS DARA POR AÑADIDURA!